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"Tengo un Sueño"

28 de agosto de 1963. Más de 200.000 personas de todas las razas acuden a una magna concentración ante el monumento de Lincoln, en la ciudad de Washington. Martin Luther King, pastor bautista y figura de la lucha por los derechos civiles de la población negra en los Estados Unidos, pronuncia uno de sus más famosos discursos, que se inicia con la histórica frase I have a dream ("Tengo un sueño"). Al igual que otras muchas personas más, hubo para esa época otro hombre singular que también tenía un sueño de libertad y autosuperación personal. Se trataba de Don Salvador Armengol Ferrán, oriundo de Barcelona (España), tipógrafo de profesión, casado, con cuatro hijos, dos niñas y un par de varones gemelos. Su "sueño" era desarrollarse como persona integral y compartir con los demás sus logros. Era un pensador libre. A diario empleaba una buena cantidad de tiempo a meditar y leer temas de reflexión con miras a mejorar su presente y la calidad de su existencia. Aunque fue un escritor prolífico, nunca tuvo oportunidad de imprimir lo que escribió. Su sueño era poder volar alto hacia la excelencia por sobre la mediocridad, logrando a la vez o de este modo, hacer más agradable la vida de quienes le rodeaban. Otra parte del sueño que su corazón abrigaba, era el deseo de crear una asociación u organización mundial capaz de poder proveer a la comunidad información orientadora y práctica sobre el sugestivo tema de la salud desde una triple perspectiva; a saber: física, espiritual y emocional .



Un ideal

Un ideal, como eje de su vida, fue siempre el de la felicidad.
En cierta ocasión declaró: "El éxito de la felicidad está en no perder el tiempo. Trato de ser práctico. Si leo un libro es porque me va a servir para algo. La vida es cortísima. La felicidad reside en vivir de acuerdo con tus principios y trabajar en lo que te gusta, sin desatender tu salud física, emocional y espiritual. Todo consiste en valorar lo que tienes, y en saber aprovechar el tiempo".



Un hombre metódico


Sin duda, era un hombre metódico y organizado. No concebía el éxito personal si el ‘mundo interior’ de uno no se hallaba ordenado y bajo control. "Si mi mundo interior está en orden es porque he tomado la decisión premeditada de comenzar el proceso de "ordenación"…¡Ahora mismo!", comentó en más de una ocasión.

Hasta poco antes de fallecer, evitó perder su identidad y su espíritu de convicción. ¿Era esta conducta meramente parte de algún plan para proyectar determinada imagen? No. Siempre fue transparente. Nunca se sintió tentado a pensar de sí mismo con engreimiento. Se recordaba constantemente quién era él y qué sentido y propósito tenía su vida. Mediante su particular conducta, dejó para quienes le conocían un legado que mostraba lo que tenía que hacer una persona para moverse en el mundo sin quedar amoldado al mismo. Hablaba de ordenar nuestro mundo interior de manera que fuera continuamente renovado en su fuerza y vitalidad. Su "sueño" de compartir su filosofía de vida quedó inconcluso, pero no muerto.

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